30 de mayo de
1990
Querido
amigo:
Hoy hace exactamente un mes en cautiverio sin ni siquiera saber el por
qué solo sé, que salí de casa y me secuestraron, me encuentro encerrada en esta
triste realidad, un minúsculo cuarto húmedo oscuro y sombrío.
No
sé cuánto más aguantaré, mis fuerzas se están agotando, pienso que me voy a volver
loca, sin poder remediarlo, no me quedan lágrimas que derramar ni voz para
gritar.
Dos
veces se abre esta maldita puerta y aparece el, un hombre alto de complexión fuerte, qué a mí, ya te lo he dicho, pero me parece un monstruo, solo se le ve unos
ojos negros que me horrorizan.
Me deja una bandeja con comida justo para no morir,
hoy le he vuelto a implorar, pero todo es en vano: ni mis lloros, ni mi suplicas
le ablandan el corazón, no entiendo tanta maldad ya que tiene o ha tenido madre,
quizá hermanas, en fin…. algún día pagará tanto daño causado, no sé si en esta vida
o en la siguiente.
Me
mantiene viva la ilusión de volver a estar con los míos, de volver a abrazarlos,
de despertarme y que todo haya sido una cruel pesadilla, no sé si esto
terminara algún día o moriré aquí.
Solo sé que las horas pasan muy muy lentas y
yo solo te tengo a ti, un cuaderno pequeño y un lápiz a mitad.
Ojalá
cuando te vuelva a escribir lo haga desde casa, sin estas esperanzas ya no estaría
con vida.
Buenas
noches, fiel compañero…
No hay comentarios:
Publicar un comentario