sábado, 21 de noviembre de 2015

Mercedes Martinez







Aurora Boreal

Mi refugio. Mi pequeño territorio dentro de este campo estéril.
Ayer comentábamos que nunca saldremos de aquí, pero tengo el
consuelo de esta ventana. La colcha de mi madre me acuna
mientras observo el infinito.
La ventana me ayuda a superar el miedo. Si miro a lo lejos puedo
ver las auroras boreales, tan hermosas, tan lejanas y tan
cercanas a la vez. Sus movimientos místicos envuelven todo el
horizonte y te hace sentir como si la vida fuese posible en este
helado lugar.

Randalf dijo que pronto nos llegarán provisiones, pero sé que no
es cierto. Las últimas galletas, ácidas y secas, las cenamos
anoche.
Tengo frío.
Miro a mi alrededor y solo hay silencio. Randalf y Elle
intentan mantener un mínimo de decoro, de civilización y de
cordura. Hablan de la misión como si aán hubiera esperanzas.
Creo que lo hacen por mí, para que no me abandone en los brazos
de la desidia. Mañana intentaré asearme, lavarme el pelo y
sonreír.

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